El frisbee

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Este artículo de Itxu Díaz está incluido en ‘El siglo no ha empezado aún. Crónicas de un periodista en búsqueda activa de descanso’.

 El frisbee tiene todas las desventajas del búmeran y ninguna de sus virtudes. Se trata de un disco del tamaño de una tortilla voladora, que se lanza al aire en pleno arenal, al albur de los vientos. Sin embargo, mientras el búmeran vuelve sobre sus pasos y golpea salvajemente a su emisor, el frisbee no: impacta aleatoriamente contra cualquiera de los bañistas. Fuera de países en guerra, no es de recibo el empleo de frisbees en una playa pública, que en España son la mayoría.

Origen bélico

No por casualidad, estos chismes nacieron durante la II Guerra Mundial. Los soldados mataban el tiempo libre lanzándose moldes de tartas, elaborados en hojalata por la empresa Frisbie Pie Company. No está confirmado que la introducción de este violento disco desembocara en el final anticipado del conflicto bélico, al verse el enemigo incapaz de competir en pesadez e insistencia con hordas de soldados entusiasmados con el vuelo aerodinámico de un plato de lata. Pero muchos historiadores defendemos esta tesis.

Terminada la guerra, los soldados dejaron de necesitar platos de hojalata y la práctica del frisbee sufrió un gran revés. En 1950, buscando revitalizar este absurdo divertimento, se fabrican los primeros frisbees de juguete, en plástico, con un éxito arrollador. Matías Prats diría que “el negocio de los frisbees de plástico, tardó poco en alzar el vuelo”.

En 1967 se produje un hecho aciago para la Humanidad: se crea la Asociación Internacional del Frisbee y el empleo de discos playeros pasa de ser un incordio socialmente repudiado a convertirse en una disciplina deportiva oficial.

Están destinados a los niños, pero quien realmente se vuelve idiota con ellos son los mayores, como ocurre con la gran mayoría de juguetes que surgen de las guerras mundiales. Por ejemplo, toda clase de armas de fuego. Eso explica el éxito de los campos de paintball en las despedidas de soltero.

El búmeran es elegante

El búmeran es elegante y legendario. La diversión del saber estar. El frisbee es como lanzar un plato sopero. Es cierto que en ocasiones se eleva hasta el infinito y golpea a alguna gaviota ofreciendo un bello espectáculo. Pero quien realmente está pensado para la gloria es el búmeran. Inventado por los aborígenes australianos, poco antes de que Ana Obregón inaugurase la temporada de playa con su chapuzón en bikini, este artefacto tenía la misión de golpear y aturdir a la presa, antes de lanzarse todos sobre ella, atravesarla con flechas, tirarla a la hoguera, y comérsela. En el fragor de la batalla, no distinguían entre lo vacuno y lo humano.

Pronto estas armas mostraron una extraordinaria virtud: si no golpeaban en la cabeza a su objetivo, se daban un rápido garbeo ovalado por la selva y regresaban a las manos del jefe. Esta es la razón por la que la mayoría de los jefes de las tribus aborígenes australianas carecen de dientes. Por no estar atentos.

Innovaciones satánicas

El búmeran cayó en desuso con la modernidad como práctica evasiva, y su lugar fue usurpado por ese disco, que en sus más pavorosas versiones cuenta con colores fluorescentes para poder jugar de noche. Hay una modalidad recientemente, con unos orificios que emiten un intenso silbido al alcanzar cierta velocidad. Su inventor está en búsqueda y captura. Me cuenta Paco el poli, que la Interpol ha incautado miles de estos discos antes del comienzo de la temporada playera. Siempre nos quedará la Interpol.

Una variante extrema del frisbee es el frisbee con perro. El dueño estima muy divertido lanzar el disco y esperar a que su can se lo traiga de vuelta. La teoría no está mal. La práctica es que, como bañista, además de golpe de frisbee, te llevarás un mordisco de Boby por intentar quitarle su juguete. Lo único que puede salvarte es llevar una galleta para perros en el bolsillo del traje de baño. Pero esto, obviamente, sólo lo hacemos los muy iniciados en estas lides.

Peligrosísima práctica la que se ha dado en Galicia, donde desaprensivos sin frisbee se lo han inventado, empleando los platitos del pulpo a feira del chiringuito como sustituto. Se les conoce como La Banda del Frisbee y operan solo en aquellas playas donde hay chiringuito, pulpo a feira y mucho albariño. Si los encuentra, no dude en avisar a las autoridades, o abrazarse al albariño y unirse a ellos.

Cinco formas de pedir disculpas

Resulta doloroso reconocer que el ejercicio del frisbee es bueno para la salud del que lo practica. No tanto para el que recibe su impacto. Tal vez esta consideración saludable te lleve por el mal camino. Si no eres capaz de resistir a la tentación de jugar al frisbee este verano, aprende al menos cómo disculparte cuando golpees a alguien.

– “¡No me diga que le he dado a usted, con la de idiotas que hay en la playa!” – con sonrisa de oreja a oreja.

– “Lo siento… Oye, ¿te invito a una copa?” – si la golpeada por el disco es una joven de 20 años, de indiscutible belleza, y está sola en la playa-.

– “¡Haga usted el favor de devolverme el disco de inmediato!”, dicho con el suficiente aplomo, incluso hará sentir mal al agredido.

– “Lo lamento, se me ha escapado de las manos”. Esta fórmula puedes combinarla con salir corriendo.

– “El fin del mundo está próximo. ¿Ha oído hablar de la Iglesia Adventista del Séptimo Día?”.

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