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La adoración del instante

Retengo en la memoria algunos aromas muy lejanos. A los niños nos mandaban repeinados al colegio. Creo que aún no habían hecho fortuna las colonias infantiles. La mayoría terminábamos oliendo a lo mismo que nuestros padres. El Sol brillaba mucho pero no calentaba nada en esta época. Y la escarcha creciente en el paisaje presagiaba la aletargada llegada del autobús al final de la ruta. El maestro estaría en el aula, cálida y luminosa, esperando a sus fieras. Aullaríamos, jugaríamos al fútbol. Que no me duele admitir que fui buen delantero, siempre con los cromos de Emilio Butragueño en el bolsillo.

Guardo en cajas hoy los trozos de algunos sueños. Más como reliquias de otro tiempo que como promesas sin cumplir. Los míos, los de verdad, los he ido logrando uno tras otro casi sin querer. Y en el camino comprendes lo poco que importan al final, mientras saltas de un año a otro del calendario queriendo entender tu propia biografía: 1984, 2014, 1993, 1999, 2004, 2012.
Lee el artículo completo en Diario Las Américas. Esta columna de Itxu Díaz se publicó en DLA el 18 de enero de 2019.