Diario Coronavírico: DÍA 5, comienzo oficialmente el Proyecto Pollo

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He empezado a incubar un huevo. Solo me quedan tres más en la caja. Paso seis horas al día en posición de gallina con batamanta, a 29 grados, de cuclillas, y haciendo gorgoritos sobre el huevo para que se familiarice con mis piidos. La idea es que si nace polla –de las que dicen pío, pío-, cuando sea mayor, ponga huevos y, si nace pollo, cebarlo y comérmelo por Nochebuena. Si nace oveja tendré que cambiar de marca de ginebra.

Muchos os reiréis al imaginarme en equilibrio inestable, cernido con todo mi tonelaje sobre un delicado huevo. Como el vecino de en frente. El arquitecto. Así se le caigan los puentes. Me ha visto incubando desde su ventana, mientras se asomaba a fumar un cigarrito. Al principio no se ha enterado. De pronto nos hemos cruzado la mirada. Yo, incubando. Él, expulsando una bocanada de humo. Se le han puesto los ojos como plazas de toros. Ha cogido los prismáticos para confirmar que su vista no le engañaba. Entonces le he leído la mente: “¡el bobo del escritor haciendo de gallina ponedora!”. En un segundo, ha estallado en tal ataque de risa y tos que se lo han tenido que llevar los de Emergencias Sanitarias, vestidos de astronautas, y tras rociarle de arriba abajo con hipoclorito sódico. Me importa un huevo.



Mucho cachondeo conmigo pero, cuando no tengáis huevos, mi tortilla va a ser la envidia del barrio, tan pronto como solucione el asunto de las patatas. Por el momento he metido una bolsa de Patatas Bonilla en un tiesto y lo riego todas las mañanas con aceite de oliva. Es posible que el plan tenga alguna fisura pero me he propuesto creer firmemente en lo que hago, por estúpido que parezca, y eso me da la confianza de saber que pronto nacerán patatas.

Todo viene por culpa de una youtuber motivadora que dice que si crees algo muy firmemente y lo repites sin parar, lo consigues. Dice también que no tengo límites. Que los límites me los pongo yo. Que puedo ser lo que yo quiera ser. De modo que me he pasado toda la tarde de cuclillas sobre el huevo repitiendo entre gorjeos “MMMM… SOY UNA GALLINA PONEDORA, MMM… SOY UNA GALLINA PONEDORA”. Creo que funciona, pero tengo dudas. Porque al tiempo, me he encontrado un documental sobre granjas avícolas en La 2. Y dicen que las gallinas se distinguen porque tienen cresta en el píleo. He mirado varias veces en la ducha y creo que no tengo cresta en el píleo, pero no estoy seguro de saber qué coño es el píleo.

Sea como sea, yo confío en que dentro de 21 días el pollo rompa el cascarón y eche a correr por el pasillo. Tengo que acordarme de atar al gato. Por el amor de Dios. Ya le tengo la fiesta de bienvenida preparada, con alpiste, un peluche de Piolín, y La gallina turuleca de Miliki a todo volumen. Va a flipar. Único pollo del mundo que, al nacer, en vez de decir pío va a decir guau.

Leo en la guía Es fácil incubar un pollito si sabes cómo que en 18 días el pollo empezará a picotear la cáscara. En ese momento he de estar muy pendiente para elevar un poco la altura de la sentadilla. De lo contrario, podría picotearme mortalmente un huevo. Esto no lo dice el manual pero lo he deducido yo.

Son muchos los riesgos. Confieso que está siendo un gran sacrificio convertirse en gallina. Además, entre usted y yo, todo esto tiene un puntito humillante. Pero desde luego, si funciona, el mismo día 21 empiezo a incubar botellines de Estrella Galicia.



En medio de la crisis del coronavirus Itxu Díaz ofrece en abierto este Diario Coronavírico repleto de humor y crónicas de actualidad.