Diario Coronavírico: DÍA 12, haré algo que impresione a las visitas

Browse By

Me siento mal. Está todo el mundo en sus casas aprendiendo chino medieval (zhonggu), cocinando espumas esferificadas (HgCl2), entrenando aviación militar por Skype, y creando maquetas de motores nucleares con cerillas. Y yo, aquí, comiendo tigretones como si no hubiera mañana, algo que por otra parte es bastante probable. Pero esto va a cambiar. Hoy viene el pedido de madera que he solicitado para llevar a la Humanidad a la vanguardia del bricolaje. No se hablará de otra cosa en Bricomanía. Voy a hacer una mesa. Con dos cojones.

A las diez ha llamado el repartidor. “Se lo dejo en el portal, no cabe en el ascensor”. Y me ha extrañado. Porque yo pedí en AliExpress unos tablones y eso cabe. No puedo protestar, porque me ha salido barato: me ha pagado doscientos dólares por llevarme la madera. Así que he bajado tan alegre y cantarín por las escaleras que he ido acompañando una tonadilla con percusiones en el pasamanos, olvidando por un instante que esos malditos virus punkis se concentran en pomos y pasamanos como alemanes borrachos en el Mediterráneo. No importa. Cuando suba meteré las dos manos en el horno pirolítico y le daré a “limpiar”. Con el peluche infectado de ébola que me regalaron en el trabajo funcionó.



En el portal me he encontrado a varios vecinos con mascarilla. El idiota del octavo, además, lleva casco de astronauta, lo cual se agradece porque así no puede hablar. Todos están en corro, pegados a las paredes, guardando un diámetro de tres metros entre ellos. Al llegar yo, me he situado en el centro, bajando a un metro la distancia social durante una décima de segundo, y el del tercero, el más aprensivo, se ha lanzado por el hueco de la escalera presa del pánico. Lo hemos rescatado en la planta -2, todavía pálido y gritando “VADE RETRO”. Le he dado un fuerte abrazo para calmarlo.

Mis vecinos no se alegran de verme. He iniciado cordialmente la conversación.

– ¿Ha vuelto a aparecer un gato muerto en el parking? –ha dicho el presidente de la comunidad de vecinos, que si quisiera ser más lacónico, tendría que comunicarse con movimientos de ceja.
– ¿Aquella vieja ex novia del colegio ha llenado otra vez las paredes del edificio con pintadas de muerte por haber cortado con ella por SMS en 1997?
… –he podido cortar el silencio en cuadraditos y llevármelo en un tupper para la cena.
– ¿Ha habido fuego? –me miran como si fuera un pulpo con un radiocasete al hombro.
– No, pero va a haberlo. –esto, por supuesto, lo ha dicho el tonto del octavo, desde dentro del casco.
– ¡Bajaré chorizos para asar! –he puesto la sonrisa de George Peppard- ¿Quién traerá la madera.
– Tú. –ha contestado con odio la dulce anciana del primero.

Entonces he visto la puerta. Ay. Hay un inmenso tronco atrancado en la entrada del portal y lleva una etiqueta naranja fosforita de Correos con mi nombre. Mis vecinos quieren matarme, y yo a su vez quiero asesinar al vendedor. Entre todos hemos llevado el árbol  hasta la puerta del ascensor. Allí lo ha partido en trozos la autoridad competente –el presidente de la comunidad – con ayuda de una Black and Decker trucada, cuyo rugido te pone las orejas como las de Dumbo.

Al rato me he visto con diez trozos de tronco en el salón de casa, con la alfombra llena de musgo, corteza y serrín, y unas instrucciones de bricolaje para hacer una mesa que comienzan así: “Separe por un lado la tapa superior, los travesaños, los amortiguadores, las conteras, y las patas, y deje en otro los tacos, las tablas de refuerzo, los embellecedores, las tablillas protectoras, las tabletas correctoras, las tablitas y las contra-tablitas. Ahora coja un cincel con la mano derecha, empuñe el escoplo con la otra, pero hágalo sin perder de vista las gubias, y agavillando sin descanso las esquirlas”.

He contemplado los troncos, he recitado unos versos de Hölderlin, he lanzado las instrucciones por la ventana, y me he abierto otra caja de tigretones.



En medio de la crisis del coronavirus Itxu Díaz ofrece en abierto este Diario Coronavírico repleto de humor y crónicas de actualidad.