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El mejor tuitero de la Historia murió hace décadas, ensayo de Itxu Díaz sobre Gómez Dávila en The American Conservative

A continuación reproducimos en español los primeros párrafos del ensayo de Itxu Díaz sobre el pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila en el aniversario de su nacimiento, escrito para The American Conservative el 18 de mayo de 2020. 

Escribió en el siglo XX el mejor consejo para los usuarios de Twitter: “El escritor que no ha torturado sus frases tortura al lector”. Se llamaba Nicolás Gómez Dávila. Era un intelectual colombiano. Lo mejor de su pensamiento cabe en cientos de aforismos de poco más de 140 caracteres. Él los llamó “escolios”. Era brillante, sintético, irónico. Y todo lo que dejó escrito se está cumpliendo. Empezando por el final: “El mundo moderno parece invencible. Como los saurios desaparecidos”. Si lo pronuncias en voz alta, verás que los coronavirus vuelven la cabeza, y se dan guiños y codazos, dándose por aludidos.

En la era del pensamiento fragmentario de Twitter, Gómez Dávila emerge con más vigencia que nunca, 107 años después de su nacimiento. ¿Quieres saber por qué el mundo está desconcertado ante esta crisis sanitaria? Él te lo explica: “Ser moderno es ver fríamente la muerte ajena y no pensar nunca en la propia”. Así es. Estábamos convencidos de que nunca nos pasaría algo así. ¡Somos tan idiotas!



Reaccionario, pero sobre todo visionario, Gómez Dávila detestaba la idea de progreso, el pensamiento gregario, y todo lo que salió de mayo de 68. Su amor al mundo moderno fue limitado: “Cada día resulta más fácil saber lo que debemos despreciar: lo que el moderno admira y el periodista elogia”. Supongo que esto incluye los high-waisted pants for men, los electrodomésticos demasiado inteligentes, y el lenguaje de género. También vio venir Gómez Dávila a la izquierda camaleónica: “La imbecilidad cambia de tema en cada época para que no la reconozcan”. Tal vez por eso los nostálgicos del verano del amor ahora se han vuelto apóstoles del cambio climático. En su defensa debo admitir que, en ambos casos, lo que les preocupa es el asunto del calentamiento.

El universo de Gómez Dávila es pesimista e irónico, pero apoyado en la fe. Respetaba a Nietzsche, pero despachó a los nihilistas y a los ateos restándole peso a su dramatismo mesiánico: “Lo importante no es que el hombre crea en la existencia de Dios, lo importante es que Dios exista”. A fin de cuentas, para el colombiano lo esencial no es el hombre, sino Dios: “El hombre solamente es importante si es verdad que un Dios ha muerto por él”. Así, al filósofo alemán que decretó con gran pompa la muerte de Dios, lo dejó cariñosamente en ridículo: “La muerte de Dios es opinión interesante, pero que no afecta a Dios”.



Anticipó el suicidio moral de las sociedades posmodernas y señaló con precisión quirúrgica al tonto: “Cuando oímos hoy exclamar: muy civilizado, muy humano, no debemos vacilar: se trata de alguna abyecta porquería” Y es que Gómez Dávila fue ante todo, un inigualable detector de imbéciles. Por eso a mediados del siglo XX anticipó que tratarían de imponernos como valores universales lo que no son más que extravagancias particulares: “El tonto no se contenta con violar una regla ética, pretende que su transgresión se convierta en regla nueva”.

Sigue leyendo el ensayo completo en The American Conservative (en inglés).