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El siglo no ha empezado aún, capítulo a capítulo

El autor desvela los secretos de cada capítulo de su nuevo libro. Repaso a los once apartados de El siglo no ha empezado aún, con los comentarios de Itxu Díaz:

Prólogo
Mi compadre Quero ha tenido el detalle de escribirlo y no me ha insultado demasiado. ¿Qué más se puede pedir?

Introducción
En donde explico por qué.

1. Una vida normal: un periodista en zapatillas
Corre el observador ajeno el riesgo de pensar que los periodistas nacen, viven y mueren en la noticia y que se deshacen al terminar cada jornada hasta que empieza la siguiente. Si bien esto se ajusta bastante a la realidad, en ocasiones el cronista tiene vida. Es decir, come, bebe, visita al médico, quema libros de autoayuda en la chimenea del salón, o le declara la guerra a los piojos, actividad esta última intrínseca a todo periodista de mal, es decir, a todo periodista que se precie. A estos y otros quehaceres cotidianos dedico estas crónicas envenenadas por el rencor y la tirria a la burocracia del hogar.

2. Un trabajo paranormal: un periodista en llamas
Si en el primer capítulo del libro el lector descubrirá al hombre que se esconde detrás de su pluma, en este segundo descubrirá a la pluma que se esconde detrás del hombre. Estilográfica.

3. La modernidad: un periodista analógico
En donde aliento al lector que deplora que necesitemos ayudarnos de un hacha para poder abrir un bote de analgésicos, y al que preferiría comunicarse con un tam-tam antes que volver a pasar por el ridículo de enviar un mensaje de móvil indescifrable por obra y gracia de un teclado predictivo. Este capítulo está dedicado a todos aquellos que nunca encuentran la ranura adecuada en las máquinas de pago de los párkings.

Una de las ilustraciones de Navarro para el libro.

4. De política no hablamos: un periodista ausente
Siendo la política el arte de lo posible, me ha parecido un arte imposible cederle espacio en estas crónicas.

5. Huida al campo: un periodista subido a un árbol
Desde finales del pasado siglo, de ordinario, los columnistas pasamos más tiempo frente al ordenador que en el campo de batalla, razón por la cual, como la mayoría de los mortales, dedicamos los días festivos a ir al fisioterapeuta, o bien arrojarnos al campo y exponernos voluntariamente a que una pitón nos muerda nuestra tocaya parte. Para escribir estas crónicas campestres he arriesgado mi vida. Por ejemplo: visitando una casa rural donde, además de pagar, te obligan a realizar las tareas propias de la agricultura medieval y a cocinarte tu propia comida, que es como en Ikea pero manchándote la cara de tierra y comiendo lechuga con gusanos -todo proteínas-. Un capítulo que por otra parte está plagado de consejos prácticos para sobrevivir a la dolorosa circunstancia de la evasión estival en todas sus patologías contemporáneas: tierra, mar y aire.

6. Mirando atrás: un periodista absorto
En donde relato todas esas ocasiones en las que he tenido que recoger mis bártulos y poner rumbo a Villadiego D’or, ciudad de depresiones. Sin acritud pero con acritud.

7. Estampas y costumbres: un periodista práctico
Uno de los objetivos de El siglo no ha empezado aún es desentrañar los usos y costumbres de nuestro tiempo y facilitar al lector que pueda enfrentarse a ellos. En este capítulo me sumerjo en desviaciones estéticas muy de nuestro tiempo -llevar los dedos al aire o cortejar en una macrodiscoteca-, pero también dedico páginas a resolver dudas metafísicas de crucial relevancia, como dónde poner un novio en primavera sin que estropee demasiado el ecosistema de tu jardín.

8. Cosas de bares y fiestas: un periodista en su salsa
No recuerdo nada de este capítulo.

9. El deportista obeso: un periodista ocioso
Este apartado comienza relatando una de esas experiencias que marcan la vida de cualquiera. Me refiero a la crónica valiente y sin tapujos Cómo me convertí en un pibón. Está todo dicho. No hablo de fútbol.

10. El Olimpo de los mortales: un periodista atónito
Paseando ciudades y bares, conociendo amigos y rincones de la España que ya no cuenta –esas melancólicas estaciones ferroviarias abandonadas, esos tipos de una pieza en peligro de extinción, o esos maestros de nuestra infancia a los que tanto los debemos-, o relatando las gestas anónimas que aún nos hacen creer en el hombre: como la de Matthew, que interpuso su pecho frente al kalashnikov de un yihadista para salvarle la vida a su mujer en el atentado de Túnez.

11. In memoriam: un periodista agradecido
Se marcharon Alvite y Mingote, entre otros grandes protagonistas y anónimos. He querido, al cierre de este libro, rendirles mi homenaje -creo que compartido con todos los lectores-, como pago por la deuda de la inspiración y de los buenos ratos.

El siglo no ha empezado aún (Crónicas de un periodista en búsqueda activa de descanso) acaba de salir a la venta y está ya disponible en Amazon.es, Itxudiaz.com, cadena TROA, y otras librerías.