Diario Coronavírico: DÍA 10, como en casa en ningún sitio

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Ya para empezar me he levantado tarde, por el mero placer de darle 74 veces al botón de posponer alarma. Es maravilloso cuando lo pulsas, te estiras, y te crujen los deditos de los pies. El cielo debe ser algo así. Me he preparado el desayuno de las grandes ocasiones, con huevos rotos, chistorra, tarta de chocolate, bollos suizos, codillo, Nutella, y aguardiente. Después me he cogido una pila de libros y me he tumbado en el sofá. Porque sí. Porque hay días en que lo que te pide el cuerpo es hacer algo diferente y encerrarte en casa.

He estado toda la mañana leyendo, si bien de vez en cuando he dejado el libro para acariciar al gato; un dato cuando menos inquietante porque no tengo gato. Es genial poder dedicar un día entero a la lectura y a esas actividades que solo realizas cuando tienes un ratito para estar tranquilo en casa, como revisar la colección filatélica, dormir sentado durante Ben-Hur o preparar cualquier postre flambeado, que es el postre más hogareño. Si alguna vez estás lejos y quieres sentirte como en casa, cuando vayan a servirte el postre, pide que te lo flambeen. Te sentirás mejor, supongo. El helado flambeado es particularmente delicioso porque puedes mojar pastas, que es lo típico que solo deberías hacer en casa.



Antes de comer, he puesto en la mesa un aperitivo con unas cervecitas, queso, jamón ibérico, y unas aceitunas, y he recordado por qué España es una gran nación. La comida, con esos langostinos del tamaño de pangolines, y ese entrecot desparramado por ambos lados del plato, regado con buenos vinos de la tierra, ha sido tan espectacular y emocionante que al terminar he salido a la ventana a aplaudir entre lagrimones. Tenía que compartirlo. Con gran empatía, varios vecinos han respondido arrojándome cabezas de gamba en señal de duelo por los crustáceos sacrificados en todo el edificio durante los últimos diez días. Y es que ya hemos asumido que cuando esto pase, el único marisco que vamos a poder comprar son grillos, y personalmente, los cederé gustosamente a todos esos periodistas que publican cada dos meses el mismo artículo explicando que los insectos son muy buenos porque tienen muchas proteínas. Por esa regla de tres también podríamos comer periodistas.

Tras el almuerzo, decidido a pasar todo el día en el sofá, me he entregado al primero de los derechos constitucionales del español, la siesta. A fin de cuentas, el día ha sido agotador. He dormido en pijama y con gorrito, y he soñado que sesteaba en la cuna de cuando era bebé, placer supremo de cuantos ofrece el sosiego onírico. Si hay algún psicoanalista entre los lectores: no te necesitamos.

Al despertar ya había empezado a anochecer, y me he puesto tres partidos del Real Madrid de los años 80 uno tras otro, vibrando con los goles como la primera vez. Y tiene mérito, porque los tres terminan a ceros. Después de diez días confinado, me sé de memoria los comentarios de los locutores, los cánticos, y hasta puedo pitar las faltas unos segundos antes de que lo haga el árbitro. Ese hombre debe ser idiota: sigue sin verlas venir.

La cena: tres bolsas de palomitas y una Coca Cola de dos litros que he engullido mientras veía en televisión El hombre que mató a Liberty Valance y Río Lobo, de John Wayne. Hay que darle una oportunidad al cine moderno. Y a punto he estado de ponerme una tercera cinta, La conquista del Oeste, pero considero que tres películas en color el mismo día pueden arruinar el espíritu de cualquier esteta.

Agotado por el esfuerzo de todo el día, en particular el de estirar el brazo hasta el bol de palomitas, he decidido meterme en cama, meditando las bondades del hogar: aquí no hay transeúntes, ni coches, ni ruido, ni normas de circulación, todo es gratis, y nadie se abalanza sobre el último rollo de papel higiénico, con los codos abiertos como palometas, como si se tratara de un antídoto contra el coronavirus.

La calle está sobrevalorada. De vez en cuando está bien pasar un día en casa.



En medio de la crisis del coronavirus Itxu Díaz ofrece en abierto este Diario Coronavírico repleto de humor y crónicas de actualidad.